Esta misteriosa cueva situada al este de la Puerta de Damasco, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, penetra unos 300 metros por debajo de la parte norte de la muralla de la Ciudad Vieja, y tiene cerca de 2000 años de historia. O tal vez 2600 años, si incluimos la leyenda que le ha dado nombre.
Según se cuenta, Sedecías, último rey bíblico de Jerusalén y títere de los babilonios derrocado durante el asedio final de la ciudad, intentó huir de Jerusalén a Jericó a través de esta cueva.
Fue capturado y llevado ante el rey babilonio Nabucodonosor, el cual asesinó a sus hijos delante de él y después le sacó los ojos (2 Reyes, 25:1-6).
En línea con esta trágica historia, en la parte de atrás de la cueva hay una pequeña fuente que se conoce como las "lágrimas de Sedecías". Es ahí donde se descubre que la cueva no tiene salida; los arqueólogos dicen que de hecho era una cantera de la cual Herodes el Grande extrajo piedra para la construcción del Templo.
La impactante iluminación de la cueva revela signos de su explotación como cantera. En 1868 tuvo lugar en la Cueva de Sedecías a la luz de las velas la primera reunión de masones de la Palestina otomana. En la Masonería recibió también otro nombre por sus impresionantes dimensiones: "Las canteras del rey Salomón".
Esta cueva permanece cerrada los viernes y los sábados.