La Catedral de la Santísima Trinidad se eleva en medio del bullicioso centro de Jerusalén, una manzana al este de la Carretera de Jaffa, cuyas cruces doradas sobre las ocho torres que coronan sus cúpulas de cobre constituyen desde hace tiempo uno de los lugares más destacados de la ciudad.
Consagrada en 1872, esta iglesia y los edificios que la rodean se construyeron en la época en la que la Iglesia Ortodoxa Rusa envió más peregrinos a Tierra Santa que cualquier otra confesión.
La ubicación del conjunto, que permitía alojar a 2000 peregrinos, se eligió por su proximidad a la Ciudad Vieja y a la Iglesia del Santo Sepulcro.
Con el tiempo, al decaer la influencia rusa, estos edificios se han ido destinando a otros usos, y en la actualidad albergan la Comisaría de policía de Jerusalén, entre otras instituciones.
La iglesia, recientemente restaurada, recibe a los visitantes todas las mañanas (excepto lunes) hasta las 13:00 h. Todo el interior de su nave principal, de la cúpula y de las naves laterales está pintado de un inspirador azul celeste con toques en color salmón y numerosas efigies de santos.