Las ruinas de una iglesia del siglo XII señalan ahora el pueblo de Emaús, hacia el cual iban caminando dos de los discípulos cuando Jesús se apareció ante ellos tras su Resurrección (Lucas, 24:13-28). Recorrer ese camino con Jesús se ha convertido en un importante símbolo de la vida cristiana, y Emaús es un excelente lugar para reflexionar sobre ello.
Las enormes piedras de la iglesia, justo a la salida de la autopista que va de Jerusalén a Tel Aviv, constituyen un impresionante telón de fondo para orar y leer este relato, que continúa con el momento en el que Jesús partió el pan con sus discípulos.
Hay más de una "Emaús" debido a las diferentes distancias desde Jerusalén que aparecen en las diversas versiones del Evangelio de san Lucas, pero según los primeros exégetas cristianos se encontraba aquí, desde donde se dominaba el Valle de Ayalón (Josué, 10:12). La ciudad, en la que los arqueólogos han encontrado interesantes restos romanos y bizantinos, se hizo célebre inicialmente por la gran victoria de los judíos sobre los griegos en el año 165 a. C